Cultura

Amores prohibidos en el arte: Picasso y Rembrandt entre el genio y la pasión

Representación de Picasso y Rembrandt con sus amantes según el estilo de cada artista
Representación de Picasso y Rembrandt con sus amantes según el estilo de cada artista

Picasso y Rembrandt compartieron más que el genio artístico: ambos vivieron amores apasionados y escandalosos con mujeres más jóvenes estando casados.

El amor como musa y escándalo

El arte y el amor han estado entrelazados desde tiempos inmemoriales, y algunos de los mayores genios de la historia han encontrado en sus relaciones sentimentales tanto inspiración como tormento.

Pablo Picasso y Rembrandt van Rijn compartieron una característica peculiar: mientras estaban casados, tenían relaciones con mujeres más jóvenes que marcaron profundamente su obra.

Hoy exploramos los paralelismos entre Picasso con Marie-Thérèse Walter y Rembrandt con Hendrickje Stoffels, dos historias de pasión, arte y escándalo.

Picasso y Marie-Thérèse Walter: el deseo en formas ondulantes

Cuando Pablo Picasso conoció a Marie-Thérèse Walter en 1927, tenía 45 años y estaba casado con Olga Khokhlova, una bailarina de ballet ruso. Marie-Thérèse, con solo 17 años, encarnaba la juventud y la sensualidad que Picasso anhelaba, convirtiéndose rápidamente en su amante y musa.

Su relación se mantuvo en secreto durante años debido a que Picasso no quería divorciarse de Olga para no entregarle la mitad de su fortuna.

Marie-Thérèse inspiró algunas de las obras más icónicas de Picasso, caracterizadas por líneas curvas y formas voluptuosas, transmitiendo una sensualidad casi onírica. Su rostro aparece en innumerables pinturas, destacando La lectura (1932) y El sueño (1932), donde el artista mezcla el erotismo con la abstracción.

Sin embargo, la relación estuvo marcada por la complejidad emocional: Picasso nunca dejó de interesarse por otras mujeres, lo que llevó a Marie-Thérèse a una profunda depresión y, finalmente, a su trágico suicidio en 1977, años después de la muerte del malagueño.

Rembrandt y Hendrickje Stoffels: amor en tiempos de adversidad

Más de dos siglos antes, Rembrandt vivió una historia similar.

En 1634, se casó con Saskia van Uylenburgh, quien fue su gran amor y la madre de su hijo. Sin embargo, Saskia murió en 1642, habiendo estipulado en su testamento que Rembrandt perdería la herencia si volvía a contraer matrimonio.

Poco después, Rembrandt inició una relación con Geertje Dircx, pero esta terminó en un pleito legal, lo que lo llevó a buscar compañía en Hendrickje Stoffels, una joven que había entrado en su casa como sirvienta y que pronto se convirtió en su musa y compañera sentimental.

«Betsabé con la carta de David» de Rembrandt (1654)
© 1988 GrandPalaisRmn (Museo del Louvre) / Jean Schormans

Aunque nunca se casaron formalmente para evitar perder la herencia de Saskia, Hendrickje fue una figura clave en la vida del pintor, apareciendo en muchas de sus obras, como su interpretación de Baño de Betsabé (1654). Sin embargo, su relación no fue vista con buenos ojos por la sociedad calvinista de Ámsterdam, y Hendrickje fue condenada públicamente por «comportarse como una prostituta».

A pesar de ello, la pareja se mantuvo unida hasta la muerte de ella en 1663, tras lo cual Rembrandt quedó devastado y sumido en la pobreza.

Dos genios, dos amores, una misma historia

A pesar de las diferencias de época y contexto, la historia de Picasso y Rembrandt con sus amantes sigue un patrón similar.

Ambos estuvieron con mujeres mucho más jóvenes mientras seguían casados con sus esposas: ambas relaciones estuvieron marcadas por la pasión y el escándalo y, en ambos casos, estas mujeres quedaron inmortalizadas en la obra de los artistas, convertidas en iconos de deseo y devoción.

El amor y el arte parecen compartir una característica esencial: la capacidad de desafiar las normas, provocar emociones intensas y dejar una huella imborrable en la historia. Picasso y Rembrandt, dos de los más grandes genios del arte, encontraron en sus musas una fuente inagotable de inspiración, pero también un reflejo de sus propias contradicciones y anhelos.

Aguatinta "Bethsabée" de Pablo Picasso (1966)
Aguatinta «Bethsabée» de Pablo Picasso (1966)

Curiosamente, Picasso sentía una gran admiración por Rembrandt, algo que se refleja en su serie de grabados conocida como Suite Vollard, expuesta estos días en el Museo ICO de Madrid.

En varias de estas piezas, Picasso hace referencia directa a la obra del maestro holandés, explorando los mismos juegos de luces y sombras, e incluso retratándose a sí mismo con una estética que recuerda a los autorretratos de Rembrandt.

Existe la teoría de que Picasso pudo haberse identificado con Rembrandt en más de un sentido.

Ambos fueron artistas revolucionarios, ambos vivieron relaciones escandalosas con mujeres que marcaron sus trayectorias y, de algún modo, ambos dejaron testimonio de sus vidas a través de su arte.

Tal vez, en los trazos de la Suite Vollard, Picasso no solo rendía homenaje a Rembrandt, sino que también reflejaba su propia historia de amor, deseo y tormento.

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